ruptura de parejas

Cuando Vicente entró en la consulta estaba confuso, su mirada le delataba. Como pudo, empezó a contarme su vida: infancia feliz, buena relación con los padres, buen estudiante, trabajo estable desde joven… Se casó enamorado de su novia de “toda la vida” y tenían dos hijos casi adolescentes que “no daban problemas”. Este último año se sentía más unido que nunca a su esposa, pero de pronto, tras 20 años de relación, su mujer le deja. En su cabeza solo se repetía: “No entiendo nada, si lo teníamos todo, éramos felices…”.


Y es que una relación de pareja puede acabar en cualquier momento; sólo necesitas que algo comience para que termine. En este caso es un final inesperado: uno de los dos miembros de la pareja decide romper, mientras que para el otro esa opción era impensable. Este hecho suele ser más traumático dado que no entraba en nuestros planes de futuro. Y además, es algo no deseado.

En otras ocasiones, el final puede ser (por decirlo de alguna manera), esperado. Ellos saben que no van por buen camino; algo no funciona. Son conscientes de la insatisfacción en la relación y solo es cuestión de tiempo que uno de los dos dé el paso de poner punto final. En ambos casos, tanto si el final es inesperado como esperado, la ruptura es un momento difícil y el proceso de separación es doloroso.

Para adaptarnos a la situación que se ha creado necesitamos elaborar el duelo.

"Los psicólogos llamamos duelo a la reacción que sufrimos frente a la pérdida de algo significativo. Es una experiencia emocional, humana y universal, pero a la vez única y dolorosa".

La psiquiatra Elisabeth Kübler Ross, tras años de trabajo con pacientes, propuso cinco etapas del duelo en su libro On Death and Dying. Si bien fueron propuestas ante el fallecimiento de un ser querido, aquí las explico aplicadas a la ruptura de una relación sentimental. Recordemos que el duelo es un proceso que se activa ante cualquier pérdida significativa. Por ello, te explico a continuación en qué consiste cada fase. No obstante, hay que entender que no tienen un orden establecido, sino que pasamos de una etapa a otra a lo largo del tiempo hasta que consigamos convivir con la ausencia del ser amado.

 

Las seis fases del duelo:

Negación:
Es el rechazo consciente o inconsciente de aquello que nos está pasando. Forma parte de nuestros mecanismos de defensa o protección. Su finalidad es permitir que vayamos asimilando la noticia poco a poco, lo que nuestra mente sea capaz de aceptar. Es el momento en el que nos decimos cosas como: “No me lo puedo creer”, “Esto no puede estar pasando”...

Ira:
Cuando ya no se puede negar más el acontecimiento, probablemente aparecerá la ira, y la podrás descargar con cualquiera: la persona amada que ya no está, contigo mismo, amigos, familiares, la vida en general… Es una intensidad de enfado que variará a lo largo del proceso. Es el momento de los porqués: “¿Por qué me sucede esto a mí?...” Lo importante de esta etapa es que te permitas sentir esa rabia y dejar que pase.


Negociación:
Esta etapa es más breve. Viajas atrás en el tiempo y revisas lo que falló. Fantaseas con que tu pareja va a volver, crees que todavía es posible que se arregle lo vuestro. Es el momento cuando te preguntas: “Si yo cambiara…, si ella cambiara…, ¿qué hubiera pasado si…?”.


Depresión:
Cuando ya no queda más opción que aceptar la pérdida es cuando sentiremos una profunda tristeza. Aunque se llame depresión, no es en sí patológica sino totalmente sana y necesaria en el proceso del duelo. Es permitirnos el dolor, el desgarro interior de un corazón roto. Ahora toca llorar y dejar que ese dolor vaya poco a poco menguando. Bien es cierto que lleva su tiempo porque las heridas emocionales, al igual que las físicas, necesitan reposo para cicatrizar, pero como siempre digo a mis pacientes: “al final el dolor se pasa”.


Aceptación:
Sabemos que hemos llegado al final del proceso cuando hemos hecho las paces con la situación que estamos viviendo. Por fin aceptamos que esa relación se ha terminado, que podemos y tenemos el derecho de vivir nuestra vida sin esa persona a nuestro lado. No olvidamos al ser que hemos amado, pero ya no nos desbordan las emociones cuando le recordamos.


A veces, elaborar el duelo es una tarea demasiado grande para hacerla en soledad, si te sientes abrumado: ¡pide ayuda!


A día de hoy, Vicente está tranquilo, acepta su presente; incluso es capaz de ver lo afortunado que ha sido por poder compartir gran parte de su vida con la mujer que amaba y tener los hijos que tienen en común: “Es un regalo” -me decía.