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Las cosas cambian pero muy despacio, todavía hay mucha desigualdad, las mujeres ya no se conforman con un hombre que traiga dinero a casa puesto que ellas también lo hacen, antiguamente no les quedaba más remedio que aguantar con su marido, aquel al que eligieron ellas o los demás por ellas, dado que era “lo que tenían o debían hacer”, es lo que se esperaba de las esposas,( y es que hasta la palabra esposa me da “mal rollo”, aquello que te ponen en las muñecas para que no te puedas escapar ), que cuidaran a los hijos, de la casa y a los maridos, hoy no, hoy afortunadamente somos libres de elegir, sin embargo muchos hombres todavía no se han dado cuenta del cambio real que está sucediendo, que la historia ha cambiado, y pretenden que la mujer se siga ocupando de todo y además trabajen también fuera de casa para que así la carga económica que supone sacar una familia adelante no sea tan dura para ellos, ellos principalmente se quejan de que trabajan mucho para que no les falte de nada a sus hijos, pero la cuestión es que ¡ellas también llevan muchas cosas diariamente!, vivimos en una época sobrecargados por todo, casa, trabajo, niños, compras, actividades extraescolares, actividades de ocio de los padres, la hipoteca, los innumerables recibos (agua, luz, móvil, internet, seguros, etc ) y el tan reclamado “espacio para mi” …
Yo me pregunto, si el matrimonio es cosa de dos ¿por qué no hacemos las cosas entre los dos?, así si uno trabaja más tiempo fuera de casa que el otro puede ocuparse de las tareas de la casa, el problema reside que las tareas de casa parecen no acaban nunca, porque cuando terminas hay que volver a comenzar, cosa que no ocurre con el trabajo fuera de casa normalmente, así que lo que no me parece muy justo es que mientras ellas “no paran” ellos se tumben en el sofá porque están muy cansados de trabajar todo el día,¡ señores! , ¡ellas también están cansadas!. Mi propuesta de solución es bien sencilla: por qué no lo hacen entre los dos lo que quede por hacer de las tareas del hogar y así en cuanto terminen se pueden tumbar los dos juntos en el sofá aunque sea un ratito, y hacer esas cosas que une a una pareja: dedicarse algunas caricias, besos, charlar y preocuparse por cómo está el otro, así estarían los dos más unidos, se sentirian que es cosa de dos y que el proyecto que empezaron un día juntos enamorados se mantiene en el tiempo, se valoran mutuamente, se aprecian y se sienten acompañados, que al fin y al cabo es lo que se busca al estar en pareja , entre otras cosas.
Eso en cuanto a las tareas del hogar, pero hay otras cosas que las mujeres necesitamos, como decía ya no nos conformamos con un hombre que solo aporte a nivel económico, queremos un hombre que nos escuche, con quién poder compartir nuestras emociones y que nos haga partícipe de las suyas, hoy no basta con una relación de esas que parece todo va bien, como la de muchos de nuestros padres, que están por estar, o por no estar solos, a veces incluso ni se aguantan pero siguen juntos porque es lo que les enseñaron que eran las relaciones. Hoy queremos una relación auténtica, de esas en las que te sientes conectada a tu pareja, de la que conoces sus pensamientos, emociones, sueños, ilusiones y miedos, esa es una relación de verdad, y no significa que sea perfecto o todo maravilloso pero sí es la persona en la que puedes confiar antes que en nadie, en la que se lucha no por el bien individual sino por el bien común.
Lamentablemente en muchas ocasiones la pareja a la que elegimos no es con la que realizamos esta especial conexión, quizás porque son hombres con unas creencias machistas, o porque tienen conflictos emocionales que les impide realizar este tipo de vínculo con otra persona o simplemente porque tienen otras prioridades en la vida, laboral , por ejemplo y dedica toda su energía a ello en lugar de invertirlo en la pareja. Aquí es cuando cada vez más me estoy encontrando con mujeres muy valientes , seguras de sí mismas, con las cosas claras sobre lo que quieren y necesitan . Su prioridad suele ser la familia, una familia no son sólo personas que conviven bajo el mismo techo, sino aquellas personas con un vínculo especial entre ellas, que cuentan unos con otros cuando aparecen dificultades, que comparten momentos buenos y se divierten, con valores y principios comunes, es un espacio donde crecen las raíces para sentirte seguro. Y hombres perdidos, sin entender realmente qué es lo que no hacen o hacen mal, a ellos les digo que la respuesta ya la tienen. Aquellas mujeres que rompen con su pareja, el padre de sus hijos, valoran más la conexión auténtica que una fachada de familia en que la “estamos bien” es lo que se aparenta, pero donde en realidad hay mucha soledad aun estando juntos, mujeres que se enfrentan a “lo que debería ser” al “aguantar por los hijos” y luchan por alcanzar sus sueños le transmiten a sus hijos que la vida es dura, pero que merece la pena esforzarse por ser feliz y encontrar a alguien en la vida con quién establecer una relación satisfactoria.