piscologo malaga

No nos percatamos, pero lo cierto es que vivimos hiperestimulados. Nuestro cerebro se pasa el día recibiendo todo tipo de información por medio de todos los canales: de tipo auditivo, como el ruido de los coches, las motos, la gente hablando o gritando; de tipo visual, ya sean carteles publicitarios, colores, luces o movimiento. Vayas a donde vayas, siempre estás rodeado. Y lo peor de todo es que ya nos parece algo completamente normal. Para colmo, luego llegas a casa y enciendes la televisión o la radio… ¿y qué encuentras? Pues más de lo mismo. Mientras tanto, tu cabeza no para de decirte lo que tienes que hacer después: hacer las compras, recoger a los niños, preparar la cena, y un largo etcétera. En cuanto tienes un rato libre, ya tienes el móvil en la mano enganchándote a toda red social que se precie. O para el más perezoso de los casos, te tiras en el sofá a ver tranquilamente la televisión. ¡Y listo… de vueltas a hacer lo mismo: hiperestimulando tu cerebro!

Como puedes comprobar, la realidad es que no sabemos desconectar. Te diría que la solución está en meditar, pero entonces la mayoría lo la desecháis porque se necesita tiempo para aprender y “yo no tengo tiempo para ello”, soléis decir.

La meditación inconciente

Hoy te voy a mostrar que la solución es más fácil de lo que parece y mucho más accesible de lo que crees. Me refiero a la meditación inconsciente, que se practica de manera natural y es muy simple de realizar. Basta con buscar el silencio, sin hacer nada, y quedándote solo, y simplemente deja a tu mente holgazanear: mira el cielo, las nubes, el mar, las plantas, una pared en blanco, el techo, mira por la ventana, observa lo que te rodea…..y Respira: toma aire llenándote de calma y cuando expires, suelta tensión.

Las personas necesitan recuperar el control de sus vidas y si vas corriendo a todas partes no puedes porque no tienes tiempo para hacerlo. Si te sientes acelerado y sin tiempo para nada. ¡Alto! La vida se te está pasando y no la estás viviendo, porque vivir es tomar consciencia del momento en el que estás, no de lo que tienes que hacer después.

Empieza por disfrutar el presente, aunque realices actividades como planchar la ropa o conducir. Ahora estás en eso, que tu mente se quede allí y busca lo agradable de esa situación. Date el permiso para disfrutar de tu vida: deleitarte con la comida, sentir tu cuerpo relajado, observar a los niños jugar, abrazar o dejar que te abracen, escuchar música, tomar un té, charlar con alguien querido, ver la lluvia caer o percibir el calor del sol sobre tu piel… ¡Párate, ignora tus pensamientos y observa la belleza del mundo que te rodea y del que tú formas parte!

Sylvia Rivera | Psicoterapeuta Fuengirola