Sylvia Rivera Rome El viaje corto o largo, se empieza siempre con un paso

Dos errores frecuentes en la educación de los hijos

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Esta mañana en el parque observaba una escena bastante común: una niña de unos 2 años y medio lloraba enfadada al no ser la primera en subirse al tobogán, ya que su amiguita había llegado antes. Automáticamente pensé: “que paciencia hay que tener en esta etapa de rabietas” y entonces recordé que no hace tanto tiempo mi hija hacía exactamente lo mismo. Es más, ella me obligó, en cierta manera, a sacarme un “máster” en paciencia, pues su tolerancia a la frustración era bastante escasa. Afortunadamente, esa etapa ya pasó para mí y por ello, hoy quisiera ayudar a aquellos padres que en estos momentos están atravesando esa fase.

Lo cierto es que resultan muy complicadas aquellas situaciones donde lo más mínimo difiere el deseo previsto por los niños, y como consecuencia, aparece el enfado manifestado a través de llanto, gritos y pataletas. Pero así es y así será hasta que aprendan a gestionar sus emociones de una manera más adaptada. Y es normal que, en ocasiones, los padres también perdamos la paciencia. Pero lo que no se debe hacer nunca es usar insultos o críticas dirigidas a los niños, y que precisamente, fue lo que escuché esta mañana de sus padres.

Comentarios del tipo: “eres insoportable”, “tonta”, “siempre igual” o “no puedo con ella”, iban saliendo de boca de la madre, que le contaba a su amiga todos los problemas que le acarreaba su hija (quien mientras tanto, podía oír perfectamente todo lo mencionado). Este tipo de comentarios solo van a dañar el autoconcepto que tiene la niña de sí misma, pues le están diciendo cómo es, y por ende lo incorporará como identidad, en lugar de reseñárselo como comportamiento o conducta que realiza y que puede ser cambiada. En su inconsciente se estará formando por tanto, una idea errónea de lo que es ella: “no soy adecuada” , “soy un desastre”, “mis padres no me quieren”, son el tipo de creencia que se crea en la mente de la pequeña.

Lo que quiero decir es que si ves que tu hijo no se está portando de manera adecuada se lo digas de otra manera más justificada: “eso que estás haciendo no está bien por…” en lugar de usar la expresión de “eres...” . En este caso concreto, lo único que podían hacer los padres por ella es decirle cómo se siente y darle una alternativa: “estás muy enfadada porque querías ser la primera, pero no siempre se puede, anda vente a este otro columpio que es muy divertido”. Tras esto, si la niña sigue con el enfado, que es lo más probable, entonces hay que dejarle expresar y sentir el enfado hasta que se le pase.

No obstante, y continuando con el ejemplo del parque, la actuación de los padres de dejar a la niña tranquila hasta que se le pasara el berrinche fue adecuada. El problema es que justo en el momento en que se calmó, dejó de llorar y se acercó a los padres, estos la ignoraron, ante lo cual la niña volvió a llorar captando, ahora sí, la atención de los padres. Era en ese momento justo en el que estaba tranquila cuando los padres tenían que haber aprovechado para hablarle o prestarle atención. Solo así se hubiera reforzado la conducta adecuada y no la inadecuada.

Básicamente, se trata de lo opuesto a lo que por naturaleza solemos hacer, esto es, ignorar cuando se portan bien y regañar cuando se portan mal. Así que recuerda: ¡Presta atención a aquello que quieres que se repita e ignora lo que quieras que desaparezca!

El resumen en dos puntos:

1. Jamás critiques a la persona, mejor corrige su conducta.
2. Pon atención al comportamiento adecuado.

Estos dos principios son muy básicos para una buena educación emocional y por lo que pude observar, todavía se obvian con demasiada frecuencia.

Diez cosas que los hijos necesitan de sus padres

Parecen obvias y sencillas de ejecutar, pero la inmensa mayoría de las veces no se llevan todas a cabo, con la consecuente carencia y perjuicio en nuestros niños. Podrían enumerarse las siguientes. 

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  1. Que les prestemos atención.
    Lo cual significa simplemente observarles cuando juegan, dibujan, bailan, experimentan, etc. Debemos mirar a nuestros hijos y no sólo mirar, sino admirarles, pues es en esa mirada nuestra donde ellos se verán reflejados y podrán encontrarse y valorarse.

    Así que deja por unos minutos al día todas las tareas cotidianas y dedícaselas a ellos, a no hacer otra cosa que admirarles y disfrutar de ellos.

  2. Que les escuchemos.
    Y para ello es necesario dejar de hacer lo que estemos haciendo y observarles mientras nos lo cuentan. Escucharles significa ponernos en su punto de vista, comprenderles y devolver que le hemos entendido, que estamos con ellos en aquello que les preocupa, les inquieta o les apasiona.

  3. Jugar con ellos.
    A cualquier cosa, pintar, colorear, puzzles, juegos de mesa, escondite, cartas, etc.

  4. Que les contemos cosas de nosotros de cuando teníamos su edad, así entenderán que les comprendemos, confiarán en nosotros puesto que hemos pasado por lo mismo y si nosotros lo superamos ellos también podrán.

  5. Dar ejemplo.
    No podemos pretender que nuestros hijos lean si nosotros no lo hacemos o que pidan perdón, por favor, gracias y de nada, si nosotros no lo usamos. Ellos son un reflejo de nosotros y de lo que hacemos, educamos con el ejemplo.

  6. undefinedAbrazarles y besarles. 
    El contacto físico reduce la presión arterial y nos hace sentirnos queridos y aceptados, le enseñamos que son merecedores de amor, “ si mis padres me expresan que me quieren es porque soy bueno y por tanto yo también me quiero”

  7. Valorar sus esfuerzos y logros por pequeños que parezcan. 
    Cuando se está aprendiendo es importante que adquieran la capacidad del esfuerzo, que para conseguir las cosas hay que trabajar en ellas y ésto sólo lo aprenden si nosotros les mostramos lo que ellos están haciendo, es como si fuéramos el espejo donde pueden ver reflejados sus comportamientos y los resultados de éstos.

  8. Que les pongas límites, con autoridad, pero desde el cariño.
    Decirles que NO y explicarles el porqué. Si cedemos ante sus caprichos se volverán personas exigentes que se creeran con derecho a todo, no tolerarán la frustración, es una lección de vida aprender que no todo lo que se desea se puede tener, pero si podemos aprender a valorar lo que tenemos. Otra razón por la que necesitan límites es porque el cerebro del niño no está preparado para tomar muchas de las decisiones que ellos les gustaría, como por ejemplo, lo que comer o cuando dejar de ver la tele, la hora de acostarse, etc. El niño tiene que aprender que papá y mamá mandan.

  9. Un hogar, una familia a la que pertenecer y que se sientan parte de ese clan, ya que nos dan las raices de nuestra existencia y ayuda a formar nuestra identidad. Cada familia es un micro mundo donde existen costumbres y tradiciones particulares que nos hacen sentirnos seguros y nos guía a través de la vida.

  10. Sentirse seguros y protegidos.
    El mensaje a transmitir con nuestros actos y palabras es “mamá y papá sabemos, tranquilo que nosotros lo solucionaremos”. No discutir delante de ellos pues les genera mucha inseguridad y desasosiego. Esperar que no estén en la casa para discutir los asuntos de mayores.

 


Ya me imagino a much@s lector@s pensando que es imposible hacer esto con el ritmo de vida que llevamos que ni siquiera tenemos tiempo para nosotras mismas, y sí os doy la razón, conciliar la vida familiar y laboral es realmente difícil, ese es el precio que estamos pagando, niños cada vez más inteligentes académicamente, pero no emocionalmente, sin valores y a medida que crecen más distantes con los padres. Así que piensa por un segundo ¿merece la pena el esfuerzo o no?

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