Parecen obvias y sencillas de ejecutar, pero la inmensa mayoría de las veces no se llevan todas a cabo, con la consecuente carencia y perjuicio en nuestros niños. Podrían enumerarse las siguientes. 

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  1. Que les prestemos atención.
    Lo cual significa simplemente observarles cuando juegan, dibujan, bailan, experimentan, etc. Debemos mirar a nuestros hijos y no sólo mirar, sino admirarles, pues es en esa mirada nuestra donde ellos se verán reflejados y podrán encontrarse y valorarse.

    Así que deja por unos minutos al día todas las tareas cotidianas y dedícaselas a ellos, a no hacer otra cosa que admirarles y disfrutar de ellos.

  2. Que les escuchemos.
    Y para ello es necesario dejar de hacer lo que estemos haciendo y observarles mientras nos lo cuentan. Escucharles significa ponernos en su punto de vista, comprenderles y devolver que le hemos entendido, que estamos con ellos en aquello que les preocupa, les inquieta o les apasiona.

  3. Jugar con ellos.
    A cualquier cosa, pintar, colorear, puzzles, juegos de mesa, escondite, cartas, etc.

  4. Que les contemos cosas de nosotros de cuando teníamos su edad, así entenderán que les comprendemos, confiarán en nosotros puesto que hemos pasado por lo mismo y si nosotros lo superamos ellos también podrán.

  5. Dar ejemplo.
    No podemos pretender que nuestros hijos lean si nosotros no lo hacemos o que pidan perdón, por favor, gracias y de nada, si nosotros no lo usamos. Ellos son un reflejo de nosotros y de lo que hacemos, educamos con el ejemplo.

  6. undefinedAbrazarles y besarles. 
    El contacto físico reduce la presión arterial y nos hace sentirnos queridos y aceptados, le enseñamos que son merecedores de amor, “ si mis padres me expresan que me quieren es porque soy bueno y por tanto yo también me quiero”

  7. Valorar sus esfuerzos y logros por pequeños que parezcan. 
    Cuando se está aprendiendo es importante que adquieran la capacidad del esfuerzo, que para conseguir las cosas hay que trabajar en ellas y ésto sólo lo aprenden si nosotros les mostramos lo que ellos están haciendo, es como si fuéramos el espejo donde pueden ver reflejados sus comportamientos y los resultados de éstos.

  8. Que les pongas límites, con autoridad, pero desde el cariño.
    Decirles que NO y explicarles el porqué. Si cedemos ante sus caprichos se volverán personas exigentes que se creeran con derecho a todo, no tolerarán la frustración, es una lección de vida aprender que no todo lo que se desea se puede tener, pero si podemos aprender a valorar lo que tenemos. Otra razón por la que necesitan límites es porque el cerebro del niño no está preparado para tomar muchas de las decisiones que ellos les gustaría, como por ejemplo, lo que comer o cuando dejar de ver la tele, la hora de acostarse, etc. El niño tiene que aprender que papá y mamá mandan.

  9. Un hogar, una familia a la que pertenecer y que se sientan parte de ese clan, ya que nos dan las raices de nuestra existencia y ayuda a formar nuestra identidad. Cada familia es un micro mundo donde existen costumbres y tradiciones particulares que nos hacen sentirnos seguros y nos guía a través de la vida.

  10. Sentirse seguros y protegidos.
    El mensaje a transmitir con nuestros actos y palabras es “mamá y papá sabemos, tranquilo que nosotros lo solucionaremos”. No discutir delante de ellos pues les genera mucha inseguridad y desasosiego. Esperar que no estén en la casa para discutir los asuntos de mayores.

 


Ya me imagino a much@s lector@s pensando que es imposible hacer esto con el ritmo de vida que llevamos que ni siquiera tenemos tiempo para nosotras mismas, y sí os doy la razón, conciliar la vida familiar y laboral es realmente difícil, ese es el precio que estamos pagando, niños cada vez más inteligentes académicamente, pero no emocionalmente, sin valores y a medida que crecen más distantes con los padres. Así que piensa por un segundo ¿merece la pena el esfuerzo o no?