¿Por qué mi hija se enfada tanto?

La respuesta a esta pregunta en realidad es muy sencilla: no tiene lo que desea. Pero si queremos entender bien a nuestros hijos y ayudarles a canalizar las emociones tendremos que hacer un análisis más profundo de lo que ocurre dentro de sus pequeñas e inquietas cabecitas.


Hay tres conceptos básicos que tenemos que dominar: el deseo (aquello que uno quiere), realidad (lo que está pasando) y frustración ( lo que se siente, que va desde molestia o enfado leve, hasta ira).

Cuando un deseo (por ejemplo comer un helado) choca con la realidad (los padres le decimos que no puede hasta después de tomarse el almuerzo) entra en juego la frustración (quiero algo y no lo tengo), si el niño sabe manejar esa frustración entendiendo que se podrá tomar el helado, pero después, el deseo lo percibe como que se hará realidad, aceptará la molestia sentida, pero si no sabe manejar esa frustración aparecerá ira, que es cuando normalmente gritan y verbalizan su enojo.


La diferencia para que un niño se enfade más que otro es que algunos tienen muchos deseos poco ajustados a la realidad y no toleran esa molestia, ese NO, aquí es cuando se habla de la tan conocida frase de tolerancia a la frustración.

Tolerar la frustración significa aguantar y aceptar esa sensación, esa emoción desagradable. Esto es importante puesto que en la vida muchas veces las cosas no son como uno desea y no podemos hacer nada por cambiarla. Como padres debemos enseñar a nuestros hijos a aprender esto.


Resumiendo: Cuanto mayor distancia haya entre deseo y realidad mayor frustración, a mayor frustración mayor enfado.

 

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Qué podemos hacer los padres


En primer lugar es clave ver cómo manejamos nosotros nuestra propia frustración, si nos observamos un tiempo nos daremos cuenta de cómo lo hacemos, si nos enfadamos contínuamente por cosas insignificantes y cómo resolvemos ese enfado. No pretendamos que nuestros hijos sepan manejar una emoción que nosotros tampoco sabemos manejar, recordemos que somos su ejemplo. Quizás sea una opción empezar por nosotros mismos, los padres, aprendamos a manejar nuestro universo emocional y así podremos enseñar a nuestros hijos a hacerlo.


Si ves que mas o menos sabes manejar tu frustración piensa cómo lo haces, probablemente tengas como un diálogo interno en el que una sabia voz interna de diga cosas como “bueno ya lo resolverás”, “no es tan grave” “ánimo que ya terminas”, etc, todo este diálogo interno no lo tienen los niños, así que nosotros se lo tenemos que crear, y ¿cómo lo hacemos? Ellos se hablarán como les hablemos nosotros.

  • En primer lugar, entender su emoción, ser comprensivos pero firmes en nuestra respuesta. No ceder ante todos sus deseos.
  • Darles un tiempo para que se calmen tras un episodio de enfado y después volver al hecho explicando qué ha sucedido y cómo puede resolverlo de manera que la realidad se ajuste al deseo.
  • Promover su propio autodiálogo con más preguntas y menos afirmaciones.
  • Razonar aunque sin pasarnos de argumentos, pues si no provocamos más enfado.
  • Hacerle sentir escuchado, valorado y aceptado a pesar de su enfado.


Todo esto es muy importante que lo hagamos desde el cariño, la tranquilidad y la seguridad, si nosotros estamos enfadados por su enfado solo generamos más enfado.

 

Sylvia Rivera Rome
Psicóloga-psicoterapeuta

Centro de Psicólogos Mediterráneo de Fuengirola
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