El separarse es una de las situaciones de estrés más importantes y menos placenteras a la que se someten algunas personas. Significa comenzar de nuevo, pero con las limitaciones resultantes de la convivencia: los hijos, la costumbre de haber estado acompañado un tiempo, la incomodidad del nuevo papel social, los cambios de la situación económica, cambiar de hábitos, etc. Todo esto va a variar en cada pareja y el motivo por el que surge la separación.


La mayoría de las parejas llega a la separación tras un largo período de infelicidad, de repetidos intentos de solución o de comenzar de nuevo juntos. Si se logra llegar a esta decisión final de mutuo acuerdo y ambos se desean lo mejor para el futuro, puede decirse que se trata de una separación satisfactoria, bien llevada, y se basa en el respeto. Pero en el caso de las separaciones violentas o traumáticas, en el que involucran terceras personas, desgraciadamente son las más frecuentes.


Adaptarse a estar separado es un proceso largo y costoso, se puede decir que en ese proceso se atraviesan las mismas etapas del duelo, que son la negación (que es cuando las personas activan su mecanismo de defensa emocional negando lo que está sucediendo, o pensando que no es tan grave como parece y con la esperanza de que todo vuelva a la normalidad), el enojo (aquí se experimentan sentimientos de rabia y hasta de resentimiento hacia otras personas, muchas veces este enojo no es expresado en su totalidad porque puede ser reprimido); está la etapa de negociar (es cuando las personas comienzan a cambiar algunos comportamientos o hábitos que consideren negativos a cambio de algo, puede ser: recuperar a la otra persona, sentir más tranquilidad, etc.); la depresión (la persona comienza a sentir tristeza, tiene llanto fácil, aislamiento, bajos ánimos para desarrollar algunas actividades), y por último la etapa de la aceptación (aquí puede ocurrir que la persona se sienta muy débil o triste como para pelear o tener resentimiento; es cuando se acepta la idea de la separación, pueden surgir pensamientos que den paz y tranquilidad).

 

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La parte negativa de las etapas anteriormente mencionadas, es cuando las personas se quedan estancadas en algunas de ellas y no avanzan; ahí es cuando se dice también que hay un duelo patológico, o depende de la etapa en la que se estanquen se dice que hay alguna patología; algunas personas suelen quedarse en la depresión, es decir, el llanto y la tristeza ya no es por unos días nada más, sino que pasan así más de un mes, no tiene fuerzas para levantarse de la cama, para alimentarse, falta de concentración en el trabajo, entre otras, aquí es posible que exista una depresión patológica.


Pero a pesar de los momentos de tristeza y angustia en los que pudieron haber atravesado los separados, al pasar el tiempo la mayoría de estas personas se atreven a volver a intentarlo teniendo otra pareja y consiguen lo que tanto anhelaban, o simplemente se vuelven a acostumbrar a vivir solos y a su nueva vida; recuerden que "después de una tormenta, viene la calma".

 


Sylvia Rivera Rome
Psicóloga-psicoterapeuta

Centro de Psicólogos Mediterráneo de Fuengirola
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