Querida Elena:
Lo sé, sé que estás mal. Y te entiendo aunque creas que nadie en este mundo lo puede hacer.
Sé lo que piensas. Que si no existieras a nadie le importaría.
Que para qué vivir si no haces nada bien; que para qué salir si no le caes bien a nadie.
Que te gustaría escapar de tu casa y de este mundo donde nadie te comprende.
No te preocupes, todo cambiará.
No te rindas y sigue adelante.
La vida no es sólo llanto, aburrimiento y hastío.
Conseguirás todo lo que te propongas.
Conseguirás una vida plena.
Al principio costará mucho esfuerzo, pero vale la pena.
Tú y yo sabemos que tienes fuerza para eso y para más.
Lo sé, que quieres dejar de sufrir.
Y con esta carta podrás al fin escuchar lo que siempre has querido oír:
Te quiero, como eres, como piensas, como eres tú.
Y que te dejo ir, y perdóname por no hacerlo antes.

Y es que la adolescencia es un periodo que puede resultar difícil, como le ocurre a Elena. Ella tenía pocas habilidades sociales, y una autoestima muy baja, al tener un pobre concepto de sí misma y falta de seguridad para poner en marcha la adquisición de nuevas habilidades a la hora de relacionarse con otros se encierra en sí misma. El origen de la falta de amor propio es que sus padres nunca le transmitieron que ella es genial tal y como es, tampoco le dieron la seguridad para enfrentarse a situaciones difíciles, y así el mundo se le mostraba inmenso e intimidante.

psicologos para adolescentes

Durante la adolescencia las amistades suelen ser un pilar fundamental, es el contexto donde los jóvenes empiezan a formar su propia identidad, “ya no soy o hago lo que mamá y papá me dicen sino que ya empiezo a tener mis propias ideas sobre lo que es el mundo y la vida” ahora su grupo de referencia son los amigos. Sin embargo quisiera avisar a los padres que aunque ellos crean que ya no les necesitan no es así. Los adolescentes necesitan a sus padres, padres que les escuchen cuando ellos lo necesiten y no padres que den sermones, ya pueden dialogar y llegar a acuerdos, a los padres les recuerdo que sus hijos no les pertenecen, son seres del mundo, pero sí necesitan apoyo, comprensión y que les asesoren, también que les limiten, pues hasta los 21 años la parte frontal del cerebro, la que se encarga, entre otras funciones, del autocontrol no está totalmente mielinizada (formada a nivel neuronal). Por tanto, hasta que no sean adultos sigan ejerciendo como padres, quizás ahora no les guste pero de adultos lo entenderán.

 

Sylvia Rivera Rome
http://www.sylviarivera.es 

Psicóloga Col. nºAO 04962