Sylvia Rivera Rome El viaje corto o largo, se empieza siempre con un paso

PREPARADOS PARA EL CAMBIO

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“Año nuevo, vida nueva”, escuchaba decir a una persona hace unas semanas, a lo que inmediatamente pensé: “¡Madre mía, con lo que me ha costado llegar hasta aquí, cómo para cambiar de vida!”. Y es que sentirse a gusto con uno mismo es estar bien con la vida que vives. Tómate un momento y piensa sobre si realmente te encuentras donde quieres estar. No te apresures a contestar. Si la respuesta es: “Sí, me gusta donde estoy”, sigue por ese camino.

En cambio, si la respuesta es “No”, quizás haya llegado la hora de modificar cosas, como decía una de esas frases simpáticas que te hacen reflexionar: Si no te gusta donde estás ¡muévete!: no eres una planta. Lo que quiero decir es que, entonces, es el tiempo idóneo para “cambiar de vida”. Pero, normalmente, suele ocurrir que decirlo es mucho más fácil que hacerlo.

Según dice Roberto Aguado: "Lo importante no es saber lo que hay que hacer, sino ser capaz de hacerlo"

Entonces ¿qué nos impide ponernos en marcha? Existen muchas respuestas posibles, pero la más frecuente es el miedo. De menor a mayor intensidad, podemos sentirlo de las siguientes formas: temor, timidez, tensión, ansiedad, angustia, desesperación, horror, pánico, terror, pavor. El miedo a lo desconocido, a lo nuevo, a no ser capaz, a los fantasmas del pasado, etc. Te hacen quedarte donde estás, permaneciendo en la seguridad de lo conocido. Aunque paradójicamente, aquello que te da seguridad también te asfixia, porque te limita y te impide seguir creciendo. Es cuando se está mal pero no se hace nada por cambiar, justo ahí, debes pararte a pensar a qué exactamente tienes miedo: ¿al fracaso, al ridículo, al rechazo, a la soledad...?

Busca de dónde viene ese miedo, porque probablemente tenga que ver con tus experiencias en la vida cuando eras un niño. Allí, en la infancia es donde se grabaron las memorias emocionales que hoy se activan cada vez que vives una situación parecida a la de entonces. La cuestión es que ya no eres ese niño, sino un adulto con muchos más recursos de los que eres consciente. Una vez que descubres qué te limita y consigues superarlo, ves que SÍ PUEDES.

Aprendes que el miedo se va cuando te enfrentas a él. Te puedo garantizar que una de las experiencias más intensas y enriquecedoras que puedes tener son la de encararte con aquello que te aterra y ver que la vida no se acaba, que puedes superarlo: QUE ERES CAPAZ. Porque ser valiente no es la ausencia de miedo, sino seguir a pesar del miedo. Cada noche al acostarte revisa tu día, revisa si el miedo te ha limitado o no. Mañana tienes otra oportunidad. Recuerda: el año dispone de 365 días para hacer cambios, superar miedos, barreras, limitaciones u obstáculos.

¡A por ello, tú puedes!

Descansar la mente

piscologo malaga

No nos percatamos, pero lo cierto es que vivimos hiperestimulados. Nuestro cerebro se pasa el día recibiendo todo tipo de información por medio de todos los canales: de tipo auditivo, como el ruido de los coches, las motos, la gente hablando o gritando; de tipo visual, ya sean carteles publicitarios, colores, luces o movimiento. Vayas a donde vayas, siempre estás rodeado. Y lo peor de todo es que ya nos parece algo completamente normal. Para colmo, luego llegas a casa y enciendes la televisión o la radio… ¿y qué encuentras? Pues más de lo mismo. Mientras tanto, tu cabeza no para de decirte lo que tienes que hacer después: hacer las compras, recoger a los niños, preparar la cena, y un largo etcétera. En cuanto tienes un rato libre, ya tienes el móvil en la mano enganchándote a toda red social que se precie. O para el más perezoso de los casos, te tiras en el sofá a ver tranquilamente la televisión. ¡Y listo… de vueltas a hacer lo mismo: hiperestimulando tu cerebro!

Como puedes comprobar, la realidad es que no sabemos desconectar. Te diría que la solución está en meditar, pero entonces la mayoría lo la desecháis porque se necesita tiempo para aprender y “yo no tengo tiempo para ello”, soléis decir.

La meditación inconciente

Hoy te voy a mostrar que la solución es más fácil de lo que parece y mucho más accesible de lo que crees. Me refiero a la meditación inconsciente, que se practica de manera natural y es muy simple de realizar. Basta con buscar el silencio, sin hacer nada, y quedándote solo, y simplemente deja a tu mente holgazanear: mira el cielo, las nubes, el mar, las plantas, una pared en blanco, el techo, mira por la ventana, observa lo que te rodea…..y Respira: toma aire llenándote de calma y cuando expires, suelta tensión.

Las personas necesitan recuperar el control de sus vidas y si vas corriendo a todas partes no puedes porque no tienes tiempo para hacerlo. Si te sientes acelerado y sin tiempo para nada. ¡Alto! La vida se te está pasando y no la estás viviendo, porque vivir es tomar consciencia del momento en el que estás, no de lo que tienes que hacer después.

Empieza por disfrutar el presente, aunque realices actividades como planchar la ropa o conducir. Ahora estás en eso, que tu mente se quede allí y busca lo agradable de esa situación. Date el permiso para disfrutar de tu vida: deleitarte con la comida, sentir tu cuerpo relajado, observar a los niños jugar, abrazar o dejar que te abracen, escuchar música, tomar un té, charlar con alguien querido, ver la lluvia caer o percibir el calor del sol sobre tu piel… ¡Párate, ignora tus pensamientos y observa la belleza del mundo que te rodea y del que tú formas parte!

Sylvia Rivera | Psicoterapeuta Fuengirola

Autoayuda: Haz una lista con tus momentos mágicos

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Momentos mágicos, ¿Dónde están?

Matilde era madre separada con dos hijos pequeños. Se sentía desbordada por sus hijos, tenía la sensación de no disfrutar con ellos porque siempre estaba agobiada por la cantidad de tareas que tenía que hacer a lo largo del día. Le propuse que durante una semana se dedicara unos minutos a registrar lo que decidimos llamar “Momentos mágicos”, solo tenía que estar atenta a las pequeñas cosas relacionadas con sus hijos que la hacían sentir bien en algún momento. Esto es lo que me mostró:

Sacar a mi bebé del coche cuando está dormido y sentir su cuerpecito calentito entre mis brazos totalmente relajado.
Cuando le recojo de la guardería y sale con esa sonrisa “pillina”.
La mirada de mi niña cuando me busca en la puerta del colegio entre todas las madres.
Los abrazos fuertes de mi hija.
Las risas de los dos cuando están jugando juntos.
Las preguntas de la pequeña, siempre tan curiosa y ocurrente respondiéndose a sí misma.
Cuando mi niña se pone a bailar.
Cuando mi pequeño hace de dragón.
Ese “Te quielo mucho” de mi niño.
Cuando mi hija coloca los juguetes en la bañera cada uno en su sitio (dormido en un vaso, encima de las esponjas, en fila, etc.)
Sentarme en el sofá con los dos a cada lado abrazándome.
Ver a ambos comer con ganas y disfrutando.
Las palabras inventadas: “Toallallitas, muerciégalo”
Los bailes de mi niña cuando se pone contenta por algo que vamos a hacer y su hermano la imita.
Verlos dormir plácidamente.
Desayunar todos juntos sin prisas.
Cuando están recién bañados y con el pijama puesto.
Cuando llego de trabajar y me dan esa maravillosa bienvenida en la que se acercan corriendo y gritando “MAMIIII”.


Y es que a veces se nos olvida que estamos rodeados de momentos mágicos que suceden en cualquier lugar y en cualquier momento…

Propongo que hagas tu propia lista para que seas consciente de lo bella y hermosa que es en realidad la vida.

Nos encantará leer vuestros comentarios y compartir los momentos bueno de la vida.

Sylvia RiveraPsicoterapeuta Fuengirola

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