Sylvia Rivera Rome El viaje corto o largo, se empieza siempre con un paso

Lo que no acepto de mi pareja

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En muchas ocasiones, me vienen a consulta parejas que me cuentan que lo más molesto para ellos son las conductas o maneras de ser del otro. Su foco de atención está puesto justo ahí y por tanto, entran en una dinámica de críticas mutuas: “...porque tú eres muy egoísta,
desconsiderado, desordenado, impuntual...” y una larga lista de adjetivos lanzados uno contra otro.

Cuando esto ocurre, es una cuestión muy delicada porque no puedo decirles directamente algo así como: “...todo eso son cosas que tú, que las estás criticando, también las tienes, pero no las ves o no las permites en ti”.

De lo que aquí estamos hablando es de la sombra, esto es, aquella parte de uno mismo que no reconocemos. Y si alguien te la alumbra, como son aspectos tan “feos” “intolerables” o “inaceptables”, las rechazas para no herir tu ego. Mi propuesta tras estas breves líneas es que cuando algo de tu pareja te moleste, te preguntes... ¿en qué momentos de mi vida he podido comportarme yo de manera egoísta, desordenada, impuntual...?

O quizá es que, en algún momento, te hubiera gustado serlo y no te lo has permitido por tus valores o principios, ya que en este caso lo que se genera es una especie de “envidia” porque la otra persona sí se lo permite y tú no.

Si eres sincero contigo mismo y capaz de mirar tu sombra, aceptándola, dejando de juzgar si está bien o no aquello que ves, entonces habrá menos cosas del otro que te molesten.

Porque si las aceptas en ti, las aceptarás en el otro. Descubre tu sombra y te descubrirás.

Dos errores frecuentes en la educación de los hijos

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Esta mañana en el parque observaba una escena bastante común: una niña de unos 2 años y medio lloraba enfadada al no ser la primera en subirse al tobogán, ya que su amiguita había llegado antes. Automáticamente pensé: “que paciencia hay que tener en esta etapa de rabietas” y entonces recordé que no hace tanto tiempo mi hija hacía exactamente lo mismo. Es más, ella me obligó, en cierta manera, a sacarme un “máster” en paciencia, pues su tolerancia a la frustración era bastante escasa. Afortunadamente, esa etapa ya pasó para mí y por ello, hoy quisiera ayudar a aquellos padres que en estos momentos están atravesando esa fase.

Lo cierto es que resultan muy complicadas aquellas situaciones donde lo más mínimo difiere el deseo previsto por los niños, y como consecuencia, aparece el enfado manifestado a través de llanto, gritos y pataletas. Pero así es y así será hasta que aprendan a gestionar sus emociones de una manera más adaptada. Y es normal que, en ocasiones, los padres también perdamos la paciencia. Pero lo que no se debe hacer nunca es usar insultos o críticas dirigidas a los niños, y que precisamente, fue lo que escuché esta mañana de sus padres.

Comentarios del tipo: “eres insoportable”, “tonta”, “siempre igual” o “no puedo con ella”, iban saliendo de boca de la madre, que le contaba a su amiga todos los problemas que le acarreaba su hija (quien mientras tanto, podía oír perfectamente todo lo mencionado). Este tipo de comentarios solo van a dañar el autoconcepto que tiene la niña de sí misma, pues le están diciendo cómo es, y por ende lo incorporará como identidad, en lugar de reseñárselo como comportamiento o conducta que realiza y que puede ser cambiada. En su inconsciente se estará formando por tanto, una idea errónea de lo que es ella: “no soy adecuada” , “soy un desastre”, “mis padres no me quieren”, son el tipo de creencia que se crea en la mente de la pequeña.

Lo que quiero decir es que si ves que tu hijo no se está portando de manera adecuada se lo digas de otra manera más justificada: “eso que estás haciendo no está bien por…” en lugar de usar la expresión de “eres...” . En este caso concreto, lo único que podían hacer los padres por ella es decirle cómo se siente y darle una alternativa: “estás muy enfadada porque querías ser la primera, pero no siempre se puede, anda vente a este otro columpio que es muy divertido”. Tras esto, si la niña sigue con el enfado, que es lo más probable, entonces hay que dejarle expresar y sentir el enfado hasta que se le pase.

No obstante, y continuando con el ejemplo del parque, la actuación de los padres de dejar a la niña tranquila hasta que se le pasara el berrinche fue adecuada. El problema es que justo en el momento en que se calmó, dejó de llorar y se acercó a los padres, estos la ignoraron, ante lo cual la niña volvió a llorar captando, ahora sí, la atención de los padres. Era en ese momento justo en el que estaba tranquila cuando los padres tenían que haber aprovechado para hablarle o prestarle atención. Solo así se hubiera reforzado la conducta adecuada y no la inadecuada.

Básicamente, se trata de lo opuesto a lo que por naturaleza solemos hacer, esto es, ignorar cuando se portan bien y regañar cuando se portan mal. Así que recuerda: ¡Presta atención a aquello que quieres que se repita e ignora lo que quieras que desaparezca!

El resumen en dos puntos:

1. Jamás critiques a la persona, mejor corrige su conducta.
2. Pon atención al comportamiento adecuado.

Estos dos principios son muy básicos para una buena educación emocional y por lo que pude observar, todavía se obvian con demasiada frecuencia.

Un regalo especial en San Valentín

Hoy, unos días después de San Valentín, donde los focos estaban puestos en las parejas y en el amor, yo os propongo haceros un regalo diferente, que esté completamente alejado del entorno consumista y material propio de la fecha pasada:

 

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  • Buscad un lugar y momento donde podáis estar tranquilos, sin que nada ni nadie os interrumpa.
  • Sentaos uno frente al otro.
  • Respirad hondo y miraos a los ojos.
  • Tomad vuestras manos.
  • Dile algo que te guste de tu pareja, y que la otra persona haga lo mismo contigo. Presta atención a los detalles, a aquellos aspectos más simples y cotidianos como, por ejemplo, la manera de preparar el café, la mirada cómplice, el beso de buenas noches... La lista  puede ser tan larga como detallistas y hábiles seáis.
  • Pon todo tu interés en la persona que tienes delante y en lo que estás sintiendo. ¡Seguro que pasáis un buen momento y quizás hasta descubrís algo nuevo! 


Y si no tienes pareja, ya sabes: ponte delante del espejo y busca lo que te gusta de ti. Porque las relaciones hay que cuidarlas, tanto la que tenemos con nosotros mismos, como la que tenemos con los demás.

PREPARADOS PARA EL CAMBIO

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“Año nuevo, vida nueva”, escuchaba decir a una persona hace unas semanas, a lo que inmediatamente pensé: “¡Madre mía, con lo que me ha costado llegar hasta aquí, cómo para cambiar de vida!”. Y es que sentirse a gusto con uno mismo es estar bien con la vida que vives. Tómate un momento y piensa sobre si realmente te encuentras donde quieres estar. No te apresures a contestar. Si la respuesta es: “Sí, me gusta donde estoy”, sigue por ese camino.

En cambio, si la respuesta es “No”, quizás haya llegado la hora de modificar cosas, como decía una de esas frases simpáticas que te hacen reflexionar: Si no te gusta donde estás ¡muévete!: no eres una planta. Lo que quiero decir es que, entonces, es el tiempo idóneo para “cambiar de vida”. Pero, normalmente, suele ocurrir que decirlo es mucho más fácil que hacerlo.

Según dice Roberto Aguado: "Lo importante no es saber lo que hay que hacer, sino ser capaz de hacerlo"

Entonces ¿qué nos impide ponernos en marcha? Existen muchas respuestas posibles, pero la más frecuente es el miedo. De menor a mayor intensidad, podemos sentirlo de las siguientes formas: temor, timidez, tensión, ansiedad, angustia, desesperación, horror, pánico, terror, pavor. El miedo a lo desconocido, a lo nuevo, a no ser capaz, a los fantasmas del pasado, etc. Te hacen quedarte donde estás, permaneciendo en la seguridad de lo conocido. Aunque paradójicamente, aquello que te da seguridad también te asfixia, porque te limita y te impide seguir creciendo. Es cuando se está mal pero no se hace nada por cambiar, justo ahí, debes pararte a pensar a qué exactamente tienes miedo: ¿al fracaso, al ridículo, al rechazo, a la soledad...?

Busca de dónde viene ese miedo, porque probablemente tenga que ver con tus experiencias en la vida cuando eras un niño. Allí, en la infancia es donde se grabaron las memorias emocionales que hoy se activan cada vez que vives una situación parecida a la de entonces. La cuestión es que ya no eres ese niño, sino un adulto con muchos más recursos de los que eres consciente. Una vez que descubres qué te limita y consigues superarlo, ves que SÍ PUEDES.

Aprendes que el miedo se va cuando te enfrentas a él. Te puedo garantizar que una de las experiencias más intensas y enriquecedoras que puedes tener son la de encararte con aquello que te aterra y ver que la vida no se acaba, que puedes superarlo: QUE ERES CAPAZ. Porque ser valiente no es la ausencia de miedo, sino seguir a pesar del miedo. Cada noche al acostarte revisa tu día, revisa si el miedo te ha limitado o no. Mañana tienes otra oportunidad. Recuerda: el año dispone de 365 días para hacer cambios, superar miedos, barreras, limitaciones u obstáculos.

¡A por ello, tú puedes!

¿Cómo vives la Navidad?

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Si lo primero que te viene a la cabeza es el estrés, el sinfín de compras, cumplir con los compromisos y lidiar con los excesos, quizás debas plantearte si así es realmente como quieres que sea tu Navidad. Si por el contrario crees que estas fechas deberían ser otra cosa, entonces haz que así lo sean.

Para ello te dejo unas ideas que te ayudarán a sobrevivir a la fiebre consumista que nos envuelve en este tiempo:

1-Escribe una frase de agradecimiento a personas importantes para ti. Que sea algo tuyo y especialmente escrito para ese ser querido, y entrégasela cuando estés con ella.

2- Antes de ir a comprar los regalos, procura llevar una lista. Trata que sean regalos adecuados a la persona que lo recibe: piensa en sus gustos, costumbres, manías. No te dejes llevar por la errónea idea de que lo más caro equivale al mejor regalo. Tómate tu tiempo para hacerla e ir a comprarlo.

3-Cuando te reúnas con amigos o familiares, pon toda tu atención en esos momentos que estás viviendo, y detente en el presente. Disfruta de la conversación, los gestos, las miradas; aquello que se dice con o sin palabras. Valora la presencia de cada persona y la tuya misma.

4-Cuando comas, hazlo saboreando. En estas fechas solemos preparar platos especiales, por tanto, atrévete a disfrutar de lo diferente. Siéntete afortunado por poder comer esos alimentos.

5-En la calle, mira las luces y déjate asombrar como cuando eras tan solo un niño, y al mismo tiempo, recuerda sentir el frío en tu rostro.

Convierte tu Navidad en todo aquello que se suele olvidar: la ingenua ilusión, el gusto por compartir, el regalo de tu presencia, las preciosas palabras que siempre acompañan estas fechas y el agradecimiento ante la compañía de aquellos que forman parte de nuestra vida. Y sí, todo ello puedes adornarlo con dulces, vinos, maquillaje, colonia, bonitas ropas... pero recuerda lo más importante, aquello que se esconde debajo de todo lo anterior: El amor entre las personas. ¡Regala amor!

Descansar la mente

piscologo malaga

No nos percatamos, pero lo cierto es que vivimos hiperestimulados. Nuestro cerebro se pasa el día recibiendo todo tipo de información por medio de todos los canales: de tipo auditivo, como el ruido de los coches, las motos, la gente hablando o gritando; de tipo visual, ya sean carteles publicitarios, colores, luces o movimiento. Vayas a donde vayas, siempre estás rodeado. Y lo peor de todo es que ya nos parece algo completamente normal. Para colmo, luego llegas a casa y enciendes la televisión o la radio… ¿y qué encuentras? Pues más de lo mismo. Mientras tanto, tu cabeza no para de decirte lo que tienes que hacer después: hacer las compras, recoger a los niños, preparar la cena, y un largo etcétera. En cuanto tienes un rato libre, ya tienes el móvil en la mano enganchándote a toda red social que se precie. O para el más perezoso de los casos, te tiras en el sofá a ver tranquilamente la televisión. ¡Y listo… de vueltas a hacer lo mismo: hiperestimulando tu cerebro!

Como puedes comprobar, la realidad es que no sabemos desconectar. Te diría que la solución está en meditar, pero entonces la mayoría lo la desecháis porque se necesita tiempo para aprender y “yo no tengo tiempo para ello”, soléis decir.

La meditación inconciente

Hoy te voy a mostrar que la solución es más fácil de lo que parece y mucho más accesible de lo que crees. Me refiero a la meditación inconsciente, que se practica de manera natural y es muy simple de realizar. Basta con buscar el silencio, sin hacer nada, y quedándote solo, y simplemente deja a tu mente holgazanear: mira el cielo, las nubes, el mar, las plantas, una pared en blanco, el techo, mira por la ventana, observa lo que te rodea…..y Respira: toma aire llenándote de calma y cuando expires, suelta tensión.

Las personas necesitan recuperar el control de sus vidas y si vas corriendo a todas partes no puedes porque no tienes tiempo para hacerlo. Si te sientes acelerado y sin tiempo para nada. ¡Alto! La vida se te está pasando y no la estás viviendo, porque vivir es tomar consciencia del momento en el que estás, no de lo que tienes que hacer después.

Empieza por disfrutar el presente, aunque realices actividades como planchar la ropa o conducir. Ahora estás en eso, que tu mente se quede allí y busca lo agradable de esa situación. Date el permiso para disfrutar de tu vida: deleitarte con la comida, sentir tu cuerpo relajado, observar a los niños jugar, abrazar o dejar que te abracen, escuchar música, tomar un té, charlar con alguien querido, ver la lluvia caer o percibir el calor del sol sobre tu piel… ¡Párate, ignora tus pensamientos y observa la belleza del mundo que te rodea y del que tú formas parte!

Sylvia Rivera | Psicoterapeuta Fuengirola

Autoayuda: Haz una lista con tus momentos mágicos

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Momentos mágicos, ¿Dónde están?

Matilde era madre separada con dos hijos pequeños. Se sentía desbordada por sus hijos, tenía la sensación de no disfrutar con ellos porque siempre estaba agobiada por la cantidad de tareas que tenía que hacer a lo largo del día. Le propuse que durante una semana se dedicara unos minutos a registrar lo que decidimos llamar “Momentos mágicos”, solo tenía que estar atenta a las pequeñas cosas relacionadas con sus hijos que la hacían sentir bien en algún momento. Esto es lo que me mostró:

Sacar a mi bebé del coche cuando está dormido y sentir su cuerpecito calentito entre mis brazos totalmente relajado.
Cuando le recojo de la guardería y sale con esa sonrisa “pillina”.
La mirada de mi niña cuando me busca en la puerta del colegio entre todas las madres.
Los abrazos fuertes de mi hija.
Las risas de los dos cuando están jugando juntos.
Las preguntas de la pequeña, siempre tan curiosa y ocurrente respondiéndose a sí misma.
Cuando mi niña se pone a bailar.
Cuando mi pequeño hace de dragón.
Ese “Te quielo mucho” de mi niño.
Cuando mi hija coloca los juguetes en la bañera cada uno en su sitio (dormido en un vaso, encima de las esponjas, en fila, etc.)
Sentarme en el sofá con los dos a cada lado abrazándome.
Ver a ambos comer con ganas y disfrutando.
Las palabras inventadas: “Toallallitas, muerciégalo”
Los bailes de mi niña cuando se pone contenta por algo que vamos a hacer y su hermano la imita.
Verlos dormir plácidamente.
Desayunar todos juntos sin prisas.
Cuando están recién bañados y con el pijama puesto.
Cuando llego de trabajar y me dan esa maravillosa bienvenida en la que se acercan corriendo y gritando “MAMIIII”.


Y es que a veces se nos olvida que estamos rodeados de momentos mágicos que suceden en cualquier lugar y en cualquier momento…

Propongo que hagas tu propia lista para que seas consciente de lo bella y hermosa que es en realidad la vida.

Nos encantará leer vuestros comentarios y compartir los momentos bueno de la vida.

Sylvia RiveraPsicoterapeuta Fuengirola

Ruptura de pareja: El Duelo

ruptura de parejas

Cuando Vicente entró en la consulta estaba confuso, su mirada le delataba. Como pudo, empezó a contarme su vida: infancia feliz, buena relación con los padres, buen estudiante, trabajo estable desde joven… Se casó enamorado de su novia de “toda la vida” y tenían dos hijos casi adolescentes que “no daban problemas”. Este último año se sentía más unido que nunca a su esposa, pero de pronto, tras 20 años de relación, su mujer le deja. En su cabeza solo se repetía: “No entiendo nada, si lo teníamos todo, éramos felices…”.


Y es que una relación de pareja puede acabar en cualquier momento; sólo necesitas que algo comience para que termine. En este caso es un final inesperado: uno de los dos miembros de la pareja decide romper, mientras que para el otro esa opción era impensable. Este hecho suele ser más traumático dado que no entraba en nuestros planes de futuro. Y además, es algo no deseado.

En otras ocasiones, el final puede ser (por decirlo de alguna manera), esperado. Ellos saben que no van por buen camino; algo no funciona. Son conscientes de la insatisfacción en la relación y solo es cuestión de tiempo que uno de los dos dé el paso de poner punto final. En ambos casos, tanto si el final es inesperado como esperado, la ruptura es un momento difícil y el proceso de separación es doloroso.

Para adaptarnos a la situación que se ha creado necesitamos elaborar el duelo.

"Los psicólogos llamamos duelo a la reacción que sufrimos frente a la pérdida de algo significativo. Es una experiencia emocional, humana y universal, pero a la vez única y dolorosa".

La psiquiatra Elisabeth Kübler Ross, tras años de trabajo con pacientes, propuso cinco etapas del duelo en su libro On Death and Dying. Si bien fueron propuestas ante el fallecimiento de un ser querido, aquí las explico aplicadas a la ruptura de una relación sentimental. Recordemos que el duelo es un proceso que se activa ante cualquier pérdida significativa. Por ello, te explico a continuación en qué consiste cada fase. No obstante, hay que entender que no tienen un orden establecido, sino que pasamos de una etapa a otra a lo largo del tiempo hasta que consigamos convivir con la ausencia del ser amado.

 

Las seis fases del duelo:

Negación:
Es el rechazo consciente o inconsciente de aquello que nos está pasando. Forma parte de nuestros mecanismos de defensa o protección. Su finalidad es permitir que vayamos asimilando la noticia poco a poco, lo que nuestra mente sea capaz de aceptar. Es el momento en el que nos decimos cosas como: “No me lo puedo creer”, “Esto no puede estar pasando”...

Ira:
Cuando ya no se puede negar más el acontecimiento, probablemente aparecerá la ira, y la podrás descargar con cualquiera: la persona amada que ya no está, contigo mismo, amigos, familiares, la vida en general… Es una intensidad de enfado que variará a lo largo del proceso. Es el momento de los porqués: “¿Por qué me sucede esto a mí?...” Lo importante de esta etapa es que te permitas sentir esa rabia y dejar que pase.


Negociación:
Esta etapa es más breve. Viajas atrás en el tiempo y revisas lo que falló. Fantaseas con que tu pareja va a volver, crees que todavía es posible que se arregle lo vuestro. Es el momento cuando te preguntas: “Si yo cambiara…, si ella cambiara…, ¿qué hubiera pasado si…?”.


Depresión:
Cuando ya no queda más opción que aceptar la pérdida es cuando sentiremos una profunda tristeza. Aunque se llame depresión, no es en sí patológica sino totalmente sana y necesaria en el proceso del duelo. Es permitirnos el dolor, el desgarro interior de un corazón roto. Ahora toca llorar y dejar que ese dolor vaya poco a poco menguando. Bien es cierto que lleva su tiempo porque las heridas emocionales, al igual que las físicas, necesitan reposo para cicatrizar, pero como siempre digo a mis pacientes: “al final el dolor se pasa”.


Aceptación:
Sabemos que hemos llegado al final del proceso cuando hemos hecho las paces con la situación que estamos viviendo. Por fin aceptamos que esa relación se ha terminado, que podemos y tenemos el derecho de vivir nuestra vida sin esa persona a nuestro lado. No olvidamos al ser que hemos amado, pero ya no nos desbordan las emociones cuando le recordamos.


A veces, elaborar el duelo es una tarea demasiado grande para hacerla en soledad, si te sientes abrumado: ¡pide ayuda!


A día de hoy, Vicente está tranquilo, acepta su presente; incluso es capaz de ver lo afortunado que ha sido por poder compartir gran parte de su vida con la mujer que amaba y tener los hijos que tienen en común: “Es un regalo” -me decía.

 

 

El amor hacia uno mismo

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Ella solía ser una persona alegre y auténtica, aunque a muy pocos mostraba su propio ser. En las reuniones sociales prefería quedarse en segundo plano. Escuchar era lo que más le gustaba, se sentía segura allí. Y cuando hablaba, casi siempre lo hacía desde el conocimiento, no desde el corazón.

Sus amigas siempre la buscaban para contarle los problemas. A Sofía le encantaba ayudar a los demás, se le daba bien: ofrecía buenos consejos y empatizaba con facilidad. Pero cuando Sofía sufría lo hacía desde la soledad, no contaba a nadie sus problemas. Se sentía demasiado vulnerable si mostraba sus sentimientos, así que con su coraza bien puesta vivió: amores, trabajos, amistades… así durante muchos años, pero protegiendo su corazón, siempre en la seguridad. De esta suerte fue como solo atraía hombres igual que ella, seres con miedo a mostrarse tal como son. Además, lo cierto es que nunca se sintió amada de verdad, siempre faltaba algo: una conexión profunda por parte de los dos miembros que formaban pareja.

Un día le conoció a él. Era alguien distinto. Aunque no era guapo (y a Sofía normalmente solo le gustaban los guapos), su mirada le intrigaba. Le generaba curiosidad, había algo por descubrir diferente a lo que ya conocía. Este chico le daba confianza, como si le conociera de antes. Sin embargo, se veían poco ya que apenas coincidían.

Pero Sofía volvió a no escuchar a su corazón y el hombre más guapo que jamás había visto se cruzó en su camino. Fue un flechazo en toda regla. Sofía volvió a enamorarse de la fachada, del escudo de aquel hombre, y sin profundizar en su corazón o en su alma. Seducida por la belleza y guiada por el miedo a estar sola, se casó y tuvo dos hijos con este hombre, que la veía pero no la miraba, que veía su cuerpo pero no su alma.

Algunos años después, un primer día de septiembre a las nueve de la mañana, su hijo comenzaba el colegio. A la misma hora y en el mismo lugar, aquel chico que le intrigó en su día también estaba allí, llevando a su hija a la clase que compartiría precisamente con su hijo. Y es que la vida es misteriosa. Las casualidades no existen: todo pasa por algo. Todos los días se miraban, se observaban, cualquier excusa era buena para hablarse. Cada vez tenían más confianza el uno con el otro. Todas las mañanas cuando él la miraba, ella podía ver a través de sus ojos el alma de aquel hombre que le decía: “Sofía qué te pasa, hoy estás triste, no estás bien, algo te ocurre …”.

La primera vez que Sofía se dio cuenta de que él podía verla, e incluso llegar a ver su alma, se sintió conmovida: “¿Cómo es posible que este chico, que apenas me conoce, sepa lo que estoy sintiendo y mientras que mi propio marido no se dé cuenta?” —se preguntaba Sofía todos los días. Sofía empezó a conocerle más; compartían gustos, formas de ser, tenían los mismos valores, principios, costumbres… La verdad es que a Sofía le gustaba mucho hablar con él. Le admiraba por todas esas cosas y se dio cuenta que si le admiraba tanto y en el fondo eran tan parecidos, ella también podía admirarse a sí misma. Entonces, pudo ver en otra persona cómo era ella y aquello le gustó: se enamoró de él y de ella misma.

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