Sylvia Rivera Rome El viaje corto o largo, se empieza siempre con un paso

Mi consulta en 'Mijas al día'

Si quieres conocerme y te gustan los temas de la actualidad sobre psicología y sociología te invito a que sintonices Radio Mijas 107.7FM todos los jueves a las 10:30. Donde personalmente ocupo un espacio en el programa ‘Mijas al día’.
Abordando temas muy interesantes como: El poder de las palabras, la necesidad de verse en persona, la idiotización de la sociedad, los hiperniños…

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Si quieres saber un poco de mí:


- Licenciada en Psicología por la Universidad de Málaga.
Colegiada AO-04962 del Colegio Oficial de Psicólogos de Andalucía Oriental.
- Master en Terapia de Tiempo Limitado y Psicología de la Salud
por el Instituto Europeo de Psicoterapias de Tiempo Limitado (I.E.P.T.L.) http://www.institutoeuropeodepsicoterapia.com
- Master Internacional de Psicología Clínica
por la Asociación Española de Psicología Conductual.
- Especialista Universitaria en Terapia Cognitivo Conductual en la Infancia y la Adolescencia por la UNED.
- Experto en Hipnosis Clínica y Relajación por el I.E.P.T.L.
- Psicóloga de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Mijas (AFAM).
Desde el año 2003 al 2013.
- Formadora del equipo de Alas y Raíces de España,
especialistas en la impartición de cursos para superar el miedo a volar.
- Miembro psicoterapeuta del Instituto Europeo de Psicoterapias de Tiempo Limitado,
perteneciente a la FEA.
- Colaboradora ocasional del Departamento de Psicología Infantil de Avatar Psicólogos en Hospital Quirón Marbella. www.avatarpsicologos.com

Haz clic y escucha ‘El poder de las palabras’.

Cuidado si la depresión posvacacional aparece antes de volver al trabajo…

centro psicologos fuengirola

 

Pedro era un antiguo paciente, al que atendí hacía unos años por un problema en su relación de pareja. A diferencia de otras ocasiones, esta vez pedía cita para él solo.

La semana pasada, acudió al médico de cabecera porque no se encontraba nada bien. Al explicarle los síntomas, esta le dijo que sufría un episodio depresivo, por lo que le recetó medicación. Pedro, al no entender cómo podía estar deprimido sin haberse dado cuenta, decidió llamarme.


Tan pronto como empezó a relatar su situación, surgió algo que para mí parecía obvio, aunque él no conseguía ver: se encontraba durante sus dos meses de vacaciones, pero el mero pensamiento en la vuelta al trabajo le sumía en un profundo malestar. “Cada día que paso sin trabajar es un día menos para volver”, me decía. Esta idea no le permitía disfrutar del periodo vacacional; tan solo podía pensar en la temida vuelta laboral.


En el fondo, Pedro odiaba su trabajo. Sin embargo, el hecho de que para los demás fuera “el trabajo perfecto” le hacía no contemplar siquiera la opción de dejarlo.


El problema es que no podemos engañarnos a nosotros mismos durante mucho tiempo, y a pesar de lo que digan o piensen los demás, al final somos nosotros los que vivimos nuestra vida y nos tenemos que enfrentar al día a día. Hay un momento en el que tu Yo necesita ser escuchado, y en el caso de Pedro, esa vida no era la que él necesitaba; le exigía demasiado para lo que le aportaba. La verdad es que ese trabajo podía darle dinero, un buen horario y buenas condiciones laborales, pero no era feliz en él.


Para que lo entendiera, le puse el ejemplo de una relación de pareja sentimental. Aunque fuera la persona ideal en cuanto a gustos, intereses, valores, principios, etc., no tiene sentido la relación si no hay amor, o al menos nunca será una relación plena.
Porque sí, tampoco existen los trabajos perfectos, pero no es menos cierto que un trabajo puede ser adecuado para una persona determinada y no para otras.


Cuando ya Pedro tomó conciencia de ello, lo difícil ahora era dar el paso que podríamos denominar “mover ficha”: cambiar la seguridad que da un trabajo fijo y bien remunerado por nuevas oportunidades a las que abrir las puertas.

 

Si estás en una situación parecida o te sientes atrapado en tu trabajo, solo te puedo decir que el miedo a soltar nunca te va a permitir sentir una vida plena. En ocasiones, hay que soltar para poder agarrar lo nuevo ya que, si no arriesgas, nunca vas a ganar.

Como se suele decir, a veces se gana y a veces se pierde, pero siempre merecerá la pena intentarlo; vivir plenamente.

 

 

Sylvia Rivera Rome
Centro de Psicología Fuengirola

Teléfono 667 73 42 71
rivera.psicologia@gmail.com

Lo que no acepto de mi pareja

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En muchas ocasiones, me vienen a consulta parejas que me cuentan que lo más molesto para ellos son las conductas o maneras de ser del otro. Su foco de atención está puesto justo ahí y por tanto, entran en una dinámica de críticas mutuas: “...porque tú eres muy egoísta,
desconsiderado, desordenado, impuntual...” y una larga lista de adjetivos lanzados uno contra otro.

Cuando esto ocurre, es una cuestión muy delicada porque no puedo decirles directamente algo así como: “...todo eso son cosas que tú, que las estás criticando, también las tienes, pero no las ves o no las permites en ti”.

De lo que aquí estamos hablando es de la sombra, esto es, aquella parte de uno mismo que no reconocemos. Y si alguien te la alumbra, como son aspectos tan “feos” “intolerables” o “inaceptables”, las rechazas para no herir tu ego. Mi propuesta tras estas breves líneas es que cuando algo de tu pareja te moleste, te preguntes... ¿en qué momentos de mi vida he podido comportarme yo de manera egoísta, desordenada, impuntual...?

O quizá es que, en algún momento, te hubiera gustado serlo y no te lo has permitido por tus valores o principios, ya que en este caso lo que se genera es una especie de “envidia” porque la otra persona sí se lo permite y tú no.

Si eres sincero contigo mismo y capaz de mirar tu sombra, aceptándola, dejando de juzgar si está bien o no aquello que ves, entonces habrá menos cosas del otro que te molesten.

Porque si las aceptas en ti, las aceptarás en el otro. Descubre tu sombra y te descubrirás.

Dos errores frecuentes en la educación de los hijos

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Esta mañana en el parque observaba una escena bastante común: una niña de unos 2 años y medio lloraba enfadada al no ser la primera en subirse al tobogán, ya que su amiguita había llegado antes. Automáticamente pensé: “que paciencia hay que tener en esta etapa de rabietas” y entonces recordé que no hace tanto tiempo mi hija hacía exactamente lo mismo. Es más, ella me obligó, en cierta manera, a sacarme un “máster” en paciencia, pues su tolerancia a la frustración era bastante escasa. Afortunadamente, esa etapa ya pasó para mí y por ello, hoy quisiera ayudar a aquellos padres que en estos momentos están atravesando esa fase.

Lo cierto es que resultan muy complicadas aquellas situaciones donde lo más mínimo difiere el deseo previsto por los niños, y como consecuencia, aparece el enfado manifestado a través de llanto, gritos y pataletas. Pero así es y así será hasta que aprendan a gestionar sus emociones de una manera más adaptada. Y es normal que, en ocasiones, los padres también perdamos la paciencia. Pero lo que no se debe hacer nunca es usar insultos o críticas dirigidas a los niños, y que precisamente, fue lo que escuché esta mañana de sus padres.

Comentarios del tipo: “eres insoportable”, “tonta”, “siempre igual” o “no puedo con ella”, iban saliendo de boca de la madre, que le contaba a su amiga todos los problemas que le acarreaba su hija (quien mientras tanto, podía oír perfectamente todo lo mencionado). Este tipo de comentarios solo van a dañar el autoconcepto que tiene la niña de sí misma, pues le están diciendo cómo es, y por ende lo incorporará como identidad, en lugar de reseñárselo como comportamiento o conducta que realiza y que puede ser cambiada. En su inconsciente se estará formando por tanto, una idea errónea de lo que es ella: “no soy adecuada” , “soy un desastre”, “mis padres no me quieren”, son el tipo de creencia que se crea en la mente de la pequeña.

Lo que quiero decir es que si ves que tu hijo no se está portando de manera adecuada se lo digas de otra manera más justificada: “eso que estás haciendo no está bien por…” en lugar de usar la expresión de “eres...” . En este caso concreto, lo único que podían hacer los padres por ella es decirle cómo se siente y darle una alternativa: “estás muy enfadada porque querías ser la primera, pero no siempre se puede, anda vente a este otro columpio que es muy divertido”. Tras esto, si la niña sigue con el enfado, que es lo más probable, entonces hay que dejarle expresar y sentir el enfado hasta que se le pase.

No obstante, y continuando con el ejemplo del parque, la actuación de los padres de dejar a la niña tranquila hasta que se le pasara el berrinche fue adecuada. El problema es que justo en el momento en que se calmó, dejó de llorar y se acercó a los padres, estos la ignoraron, ante lo cual la niña volvió a llorar captando, ahora sí, la atención de los padres. Era en ese momento justo en el que estaba tranquila cuando los padres tenían que haber aprovechado para hablarle o prestarle atención. Solo así se hubiera reforzado la conducta adecuada y no la inadecuada.

Básicamente, se trata de lo opuesto a lo que por naturaleza solemos hacer, esto es, ignorar cuando se portan bien y regañar cuando se portan mal. Así que recuerda: ¡Presta atención a aquello que quieres que se repita e ignora lo que quieras que desaparezca!

El resumen en dos puntos:

1. Jamás critiques a la persona, mejor corrige su conducta.
2. Pon atención al comportamiento adecuado.

Estos dos principios son muy básicos para una buena educación emocional y por lo que pude observar, todavía se obvian con demasiada frecuencia.

Un regalo especial en San Valentín

Hoy, unos días después de San Valentín, donde los focos estaban puestos en las parejas y en el amor, yo os propongo haceros un regalo diferente, que esté completamente alejado del entorno consumista y material propio de la fecha pasada:

 

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  • Buscad un lugar y momento donde podáis estar tranquilos, sin que nada ni nadie os interrumpa.
  • Sentaos uno frente al otro.
  • Respirad hondo y miraos a los ojos.
  • Tomad vuestras manos.
  • Dile algo que te guste de tu pareja, y que la otra persona haga lo mismo contigo. Presta atención a los detalles, a aquellos aspectos más simples y cotidianos como, por ejemplo, la manera de preparar el café, la mirada cómplice, el beso de buenas noches... La lista  puede ser tan larga como detallistas y hábiles seáis.
  • Pon todo tu interés en la persona que tienes delante y en lo que estás sintiendo. ¡Seguro que pasáis un buen momento y quizás hasta descubrís algo nuevo! 


Y si no tienes pareja, ya sabes: ponte delante del espejo y busca lo que te gusta de ti. Porque las relaciones hay que cuidarlas, tanto la que tenemos con nosotros mismos, como la que tenemos con los demás.

PREPARADOS PARA EL CAMBIO

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“Año nuevo, vida nueva”, escuchaba decir a una persona hace unas semanas, a lo que inmediatamente pensé: “¡Madre mía, con lo que me ha costado llegar hasta aquí, cómo para cambiar de vida!”. Y es que sentirse a gusto con uno mismo es estar bien con la vida que vives. Tómate un momento y piensa sobre si realmente te encuentras donde quieres estar. No te apresures a contestar. Si la respuesta es: “Sí, me gusta donde estoy”, sigue por ese camino.

En cambio, si la respuesta es “No”, quizás haya llegado la hora de modificar cosas, como decía una de esas frases simpáticas que te hacen reflexionar: Si no te gusta donde estás ¡muévete!: no eres una planta. Lo que quiero decir es que, entonces, es el tiempo idóneo para “cambiar de vida”. Pero, normalmente, suele ocurrir que decirlo es mucho más fácil que hacerlo.

Según dice Roberto Aguado: "Lo importante no es saber lo que hay que hacer, sino ser capaz de hacerlo"

Entonces ¿qué nos impide ponernos en marcha? Existen muchas respuestas posibles, pero la más frecuente es el miedo. De menor a mayor intensidad, podemos sentirlo de las siguientes formas: temor, timidez, tensión, ansiedad, angustia, desesperación, horror, pánico, terror, pavor. El miedo a lo desconocido, a lo nuevo, a no ser capaz, a los fantasmas del pasado, etc. Te hacen quedarte donde estás, permaneciendo en la seguridad de lo conocido. Aunque paradójicamente, aquello que te da seguridad también te asfixia, porque te limita y te impide seguir creciendo. Es cuando se está mal pero no se hace nada por cambiar, justo ahí, debes pararte a pensar a qué exactamente tienes miedo: ¿al fracaso, al ridículo, al rechazo, a la soledad...?

Busca de dónde viene ese miedo, porque probablemente tenga que ver con tus experiencias en la vida cuando eras un niño. Allí, en la infancia es donde se grabaron las memorias emocionales que hoy se activan cada vez que vives una situación parecida a la de entonces. La cuestión es que ya no eres ese niño, sino un adulto con muchos más recursos de los que eres consciente. Una vez que descubres qué te limita y consigues superarlo, ves que SÍ PUEDES.

Aprendes que el miedo se va cuando te enfrentas a él. Te puedo garantizar que una de las experiencias más intensas y enriquecedoras que puedes tener son la de encararte con aquello que te aterra y ver que la vida no se acaba, que puedes superarlo: QUE ERES CAPAZ. Porque ser valiente no es la ausencia de miedo, sino seguir a pesar del miedo. Cada noche al acostarte revisa tu día, revisa si el miedo te ha limitado o no. Mañana tienes otra oportunidad. Recuerda: el año dispone de 365 días para hacer cambios, superar miedos, barreras, limitaciones u obstáculos.

¡A por ello, tú puedes!

¿Cómo vives la Navidad?

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Si lo primero que te viene a la cabeza es el estrés, el sinfín de compras, cumplir con los compromisos y lidiar con los excesos, quizás debas plantearte si así es realmente como quieres que sea tu Navidad. Si por el contrario crees que estas fechas deberían ser otra cosa, entonces haz que así lo sean.

Para ello te dejo unas ideas que te ayudarán a sobrevivir a la fiebre consumista que nos envuelve en este tiempo:

1-Escribe una frase de agradecimiento a personas importantes para ti. Que sea algo tuyo y especialmente escrito para ese ser querido, y entrégasela cuando estés con ella.

2- Antes de ir a comprar los regalos, procura llevar una lista. Trata que sean regalos adecuados a la persona que lo recibe: piensa en sus gustos, costumbres, manías. No te dejes llevar por la errónea idea de que lo más caro equivale al mejor regalo. Tómate tu tiempo para hacerla e ir a comprarlo.

3-Cuando te reúnas con amigos o familiares, pon toda tu atención en esos momentos que estás viviendo, y detente en el presente. Disfruta de la conversación, los gestos, las miradas; aquello que se dice con o sin palabras. Valora la presencia de cada persona y la tuya misma.

4-Cuando comas, hazlo saboreando. En estas fechas solemos preparar platos especiales, por tanto, atrévete a disfrutar de lo diferente. Siéntete afortunado por poder comer esos alimentos.

5-En la calle, mira las luces y déjate asombrar como cuando eras tan solo un niño, y al mismo tiempo, recuerda sentir el frío en tu rostro.

Convierte tu Navidad en todo aquello que se suele olvidar: la ingenua ilusión, el gusto por compartir, el regalo de tu presencia, las preciosas palabras que siempre acompañan estas fechas y el agradecimiento ante la compañía de aquellos que forman parte de nuestra vida. Y sí, todo ello puedes adornarlo con dulces, vinos, maquillaje, colonia, bonitas ropas... pero recuerda lo más importante, aquello que se esconde debajo de todo lo anterior: El amor entre las personas. ¡Regala amor!

Descansar la mente

piscologo malaga

No nos percatamos, pero lo cierto es que vivimos hiperestimulados. Nuestro cerebro se pasa el día recibiendo todo tipo de información por medio de todos los canales: de tipo auditivo, como el ruido de los coches, las motos, la gente hablando o gritando; de tipo visual, ya sean carteles publicitarios, colores, luces o movimiento. Vayas a donde vayas, siempre estás rodeado. Y lo peor de todo es que ya nos parece algo completamente normal. Para colmo, luego llegas a casa y enciendes la televisión o la radio… ¿y qué encuentras? Pues más de lo mismo. Mientras tanto, tu cabeza no para de decirte lo que tienes que hacer después: hacer las compras, recoger a los niños, preparar la cena, y un largo etcétera. En cuanto tienes un rato libre, ya tienes el móvil en la mano enganchándote a toda red social que se precie. O para el más perezoso de los casos, te tiras en el sofá a ver tranquilamente la televisión. ¡Y listo… de vueltas a hacer lo mismo: hiperestimulando tu cerebro!

Como puedes comprobar, la realidad es que no sabemos desconectar. Te diría que la solución está en meditar, pero entonces la mayoría lo la desecháis porque se necesita tiempo para aprender y “yo no tengo tiempo para ello”, soléis decir.

La meditación inconciente

Hoy te voy a mostrar que la solución es más fácil de lo que parece y mucho más accesible de lo que crees. Me refiero a la meditación inconsciente, que se practica de manera natural y es muy simple de realizar. Basta con buscar el silencio, sin hacer nada, y quedándote solo, y simplemente deja a tu mente holgazanear: mira el cielo, las nubes, el mar, las plantas, una pared en blanco, el techo, mira por la ventana, observa lo que te rodea…..y Respira: toma aire llenándote de calma y cuando expires, suelta tensión.

Las personas necesitan recuperar el control de sus vidas y si vas corriendo a todas partes no puedes porque no tienes tiempo para hacerlo. Si te sientes acelerado y sin tiempo para nada. ¡Alto! La vida se te está pasando y no la estás viviendo, porque vivir es tomar consciencia del momento en el que estás, no de lo que tienes que hacer después.

Empieza por disfrutar el presente, aunque realices actividades como planchar la ropa o conducir. Ahora estás en eso, que tu mente se quede allí y busca lo agradable de esa situación. Date el permiso para disfrutar de tu vida: deleitarte con la comida, sentir tu cuerpo relajado, observar a los niños jugar, abrazar o dejar que te abracen, escuchar música, tomar un té, charlar con alguien querido, ver la lluvia caer o percibir el calor del sol sobre tu piel… ¡Párate, ignora tus pensamientos y observa la belleza del mundo que te rodea y del que tú formas parte!

Sylvia Rivera | Psicoterapeuta Fuengirola

Autoayuda: Haz una lista con tus momentos mágicos

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Momentos mágicos, ¿Dónde están?

Matilde era madre separada con dos hijos pequeños. Se sentía desbordada por sus hijos, tenía la sensación de no disfrutar con ellos porque siempre estaba agobiada por la cantidad de tareas que tenía que hacer a lo largo del día. Le propuse que durante una semana se dedicara unos minutos a registrar lo que decidimos llamar “Momentos mágicos”, solo tenía que estar atenta a las pequeñas cosas relacionadas con sus hijos que la hacían sentir bien en algún momento. Esto es lo que me mostró:

Sacar a mi bebé del coche cuando está dormido y sentir su cuerpecito calentito entre mis brazos totalmente relajado.
Cuando le recojo de la guardería y sale con esa sonrisa “pillina”.
La mirada de mi niña cuando me busca en la puerta del colegio entre todas las madres.
Los abrazos fuertes de mi hija.
Las risas de los dos cuando están jugando juntos.
Las preguntas de la pequeña, siempre tan curiosa y ocurrente respondiéndose a sí misma.
Cuando mi niña se pone a bailar.
Cuando mi pequeño hace de dragón.
Ese “Te quielo mucho” de mi niño.
Cuando mi hija coloca los juguetes en la bañera cada uno en su sitio (dormido en un vaso, encima de las esponjas, en fila, etc.)
Sentarme en el sofá con los dos a cada lado abrazándome.
Ver a ambos comer con ganas y disfrutando.
Las palabras inventadas: “Toallallitas, muerciégalo”
Los bailes de mi niña cuando se pone contenta por algo que vamos a hacer y su hermano la imita.
Verlos dormir plácidamente.
Desayunar todos juntos sin prisas.
Cuando están recién bañados y con el pijama puesto.
Cuando llego de trabajar y me dan esa maravillosa bienvenida en la que se acercan corriendo y gritando “MAMIIII”.


Y es que a veces se nos olvida que estamos rodeados de momentos mágicos que suceden en cualquier lugar y en cualquier momento…

Propongo que hagas tu propia lista para que seas consciente de lo bella y hermosa que es en realidad la vida.

Nos encantará leer vuestros comentarios y compartir los momentos bueno de la vida.

Sylvia RiveraPsicoterapeuta Fuengirola

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